La conducción bajo los efectos del alcohol es una de las infracciones más comunes en España, y su gravedad varía según la tasa de alcoholemia detectada. A partir de ciertos niveles, no se trata solo de una falta administrativa, sino de un delito penal que puede conllevar consecuencias severas, como multas, retirada del carnet e incluso prisión.
En esta guía, que hemos hecho la colaboración del bufete de abogados en Barcelona especializado en alcoholemia Garanley, analizamos y te explicamos cuándo la alcoholemia se considera un delito, qué sanciones se aplican, cuál es el procedimiento legal, cómo se realiza un control de alcoholemia y cuáles son las mejores estrategias legales para defenderse.
¿A partir de cuánto es delito la alcoholemia en España?
En España, la Ley de Tráfico establece que se considera delito conducir con una tasa de alcohol en aire espirado igual o superior a 0,60 mg/l o con una tasa en sangre de 1,2 g/l. Si un conductor es detectado con estos niveles o superiores, será acusado de un delito contra la seguridad vial, tipificado en el artículo 379.2 del Código Penal.
Si la tasa es inferior a estos límites, pero superior a 0,25 mg/l en aire espirado (o 0,15 mg/l para conductores profesionales y noveles), se tratará de una infracción administrativa sancionada con una multa económica y pérdida de puntos del carnet, pero sin consecuencias penales, nos informan desde el bufete de abogados en Barcelona especializado en alcoholemia Garanley.
Consecuencias legales y penales de un delito de alcoholemia
Si se supera el límite penal de alcoholemia, el conductor se enfrenta a penas que pueden incluir:
- Multa económica o trabajos en beneficio de la comunidad.
- Retirada del permiso de conducción de uno a cuatro años.
- Prisión de tres a seis meses en los casos más graves o reincidentes.
Este delito genera antecedentes penales, lo que puede afectar futuras oportunidades laborales y otros procedimientos legales.
Procedimiento en un control de alcoholemia
Cuando un conductor es detenido en un control de alcoholemia, los agentes realizan una primera prueba con un etilómetro portátil. Si el resultado supera el límite permitido, se procede a una segunda prueba con un etilómetro evidencial, que ofrece un resultado más preciso y con validez legal.
El conductor tiene derecho a solicitar un análisis de sangre o una prueba médica complementaria si considera que el resultado no es correcto. Sin embargo, negarse a realizar la prueba de alcoholemia constituye otro delito, penado con hasta un año de prisión y la retirada del carnet entre uno y cuatro años.
Agravantes y atenuantes en un delito de alcoholemia
Existen circunstancias que pueden agravar o atenuar la pena impuesta por un delito de alcoholemia:
- Agravantes: Si el conductor provoca un accidente, circula a una velocidad excesiva, lleva pasajeros menores de edad o es reincidente, la pena puede ser mayor.
- Atenuantes: La colaboración con las autoridades, el reconocimiento de los hechos o la ausencia de antecedentes pueden reducir la pena.
Cómo defenderse ante una acusación por alcoholemia
Si te enfrentas a un procedimiento penal por alcoholemia, es fundamental contar con la asistencia de un abogado especializado en alcoholemias. Algunas estrategias de defensa incluyen:
- Comprobar errores en el procedimiento: Fallos en la calibración del etilómetro o en la aplicación del control pueden invalidar la prueba.
- Analizar la validez de la prueba: Si el conductor no fue correctamente informado de sus derechos o no se respetaron los tiempos entre las pruebas, se puede recurrir la sanción.
- Solicitar pruebas complementarias: Un análisis de sangre puede contradecir el resultado del etilómetro.
En caso de duda, lo mejor es contactar con un experto en delitos de tráfico para evaluar la situación y preparar una defensa efectiva.




















